Llegada a Catania

Llegué a la ciudad el 16 de septiembre. Antes de venir, ya me la habían descrito como un lugar caótico, pero lleno de gente cercana y con mucho carácter —’como Andalucía’, me dijeron. Y, tras una semana aquí, puedo decir que no se equivocaban. Es una ciudad frenética, con ese ritmo acelerado que a veces asusta, pero también está llena de vida. La gente es cálida, cercana, y el ambiente en la calle lo envuelve todo: música sonando en cada esquina, bares siempre llenos, y una energía que me recuerda muchísimo a la de allí.

Porto di San Giovanni il Cuti, Aqui vamos a bañarnos porque todavía hace buen tiempo para bañarse en la playa. Es un puerto con una cala de piedras volcánicas entera.

Esta primera semana no he explorado demasiado Catania en sí, pero sí hice una escapada con mis amigas a Taormina… y fue un auténtico choque. Taormina es todo lo contrario a Catania: impecablemente cuidada, con un aire mucho más refinado, casi lujoso, que contrasta muchísimo con el caos encantador de Catania. Es como pasar de una ciudad viva y desordenada a una postal perfectamente enmarcada.