La primera imagen de la escuela me sorprendió. Al ser un edificio vinculado a la arquitectura, imaginaba algo mucho más pomposo, algo imponente a nivel arquitectónico. Sin embargo, la entrada a la escuela es extremadamente discreta; parece como si entraras a un bloque de viviendas. Una vez dentro, el lugar está lleno de pequeños detalles que lo hacen muy personal, colorido, alegre, con muchos espacios donde los estudiantes conviven, beben café, charlan y descansan. Hay algo cálido en el espacio, algo original: muchos de los espacios y del mobiliario han sido diseñados por los propios estudiantes. Incluso encontramos zonas al aire libre donde podemos ver maderas, ladrillos… hay una sensación de que los estudiantes se han apropiado de estos espacios comunes. Se sienten verdaderamente habitados y muy pronto me sentí en un lugar familiar.




Tras dar un paseo por la escuela me encontré con Mina, la profesora encargada de recibirme en la escuela. Mina, una arquitecta especializada en cine y antropología visual, que utiliza el cine y la fotografía como herramientas para transformar la mirada de los futuros arquitectos. Su enfoque no se limita a enseñar cómo capturar imágenes o analizar películas: va mucho más allá. Mina se sirve de estos lenguajes visuales para abrir en los estudiantes una nueva forma de entender el mundo. A través del cine y la fotografía, logra que los arquitectos comiencen a observar con otros ojos, a prestar atención a cómo los seres humanos habitan los espacios, cómo los usan, cómo se mueven en ellos. Les invita a detectar los comportamientos colectivos, a leer los gestos cotidianos y a descubrir, en los márgenes, pistas esenciales sobre el uso real del espacio.
Gracias a esta mirada transversal y sensible, los estudiantes se alejan, aunque sea por un momento, de la perspectiva técnica o formal, y se acercan a una comprensión más humana del entorno. Porque, como demuestra Mina con cada ejercicio, cada plano y cada imagen, el espacio no existe sin quienes lo habitan. Este enfoque que mezcla el arte, la arquitectura fue lo que me atrajo a la hora de venir a la escuela.
Después de nuestro encuentro, Mina me llevó a conocer las instalaciones de la escuela. Me llamó especialmente la atención el pôle audiovisuel, que podríamos traducir como centro de recursos audiovisuales. Es un espacio completamente equipado para la creación en vídeo y fotografía: cuentan con cámaras de todo tipo, trípodes, grabadoras, kits de iluminación, y varias salas de montaje perfectamente acondicionadas.
Lo más interesante es que todo este material está a disposición de los estudiantes. Pueden acceder a él para desarrollar sus proyectos, explorar nuevas formas de narrar y experimentar con la imagen en movimiento. Este acceso libre a herramientas profesionales no solo facilita el aprendizaje técnico, sino que también impulsa la creatividad y refuerza la idea de que el cine y la fotografía pueden convertirse en aliados esenciales del pensamiento arquitectónico.




Después de visitar las instalaciones, tuve la oportunidad de asistir a una clase de Mina y a otra de su colega. Los estudiantes se encontraban en una fase avanzada de sus proyectos, lo que me permitió ver trabajos muy elaborados: algunos habían realizado series fotográficas, otros incluso pequeñas películas en torno a temas vinculados con la arquitectura y el uso del espacio y pude asistir a varias tutorías. En estas sesiones se revisaban los trabajos de los estudiantes, y fue especialmente interesante observar cómo se articulaba el diálogo entre lo visual y lo arquitectónico, entre la sensibilidad artística y la mirada técnica.

La experiencia de este primer día fue sorprendente, en parte por el propio espacio de la escuela: un lugar moldeado por sus propios estudiantes, con estructuras de madera, ladrillos y otros materiales visibles, que daban la impresión de estar en un entorno en constante transformación, un espacio vivo, en construcción permanente. Pero, sin duda, lo que más me enriqueció fue el enfoque de Mina. Su manera de educar la mirada de estos futuros arquitectos, artistas y urbanistas, que algún día diseñarán y condicionarán los espacios que habitaremos. Su forma de enseñar no busca respuestas cerradas, sino abrir preguntas. Les invita a mirar más allá del plano, del diseño o de la función, para comprender los gestos humanos, la vida cotidiana, los pequeños detalles que hacen de un lugar un espacio habitable.
¡Seguimos! À demain!
